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La Osteopatía estructural es una técnica manipulativa que actúa sobre las articulaciones del cuerpo, esqueleto, músculos, ligamentos y tejido conectivo, para aliviar el dolor, mejorar la movilidad y restablecer la salud.

Los osteópatas creemos que el ser humano funciona como un sistema completo de trabajo y que tanto su estructura corporal, como sus órganos, sistemas, mente y emociones se hallan todos interrelacionados, y son interdependientes entre ellos. En consecuencia, los problemas que afectan al cuerpo estructural alteran también el equilibrio del cuerpo en general: físico, energético, emocional y mental.

De un modo similar, los problemas internos pueden revelarse en la estructura del cuerpo a medida que éste se adapta para acomodarse a cualquier dolor, incomodidad o enfermedad. Por ejemplo, se puede padecer un dolor lumbar debido a un problema de riñón o ginecológico; o el deslizamiento de un disco intervertebral lumbar puede afectar al control de la vejiga. Manipulando la estructura del cuerpo, los osteópatas intentamos restablecer la salud en la persona, como un todo funcional.

Buena parte de la práctica osteopática se enfoca en aliviar la tensión muscular, lo cual es mucho más que aliviar el dolor y la rigidez. La creencia osteopática de que un músculo relajado es un músculo que funciona, se basa en el hecho fisiológico de que los músculos utilizan grandes cantidades de energía cuando se contraen. El estrés, ya sea mental o físico, hace que los músculos se contraigan, malgastando energía y haciéndolos menos elásticos, de modo que son más propensos al daño. También unos músculos tensos pueden impedir la circulación de la sangre y de los líquidos linfáticos que fluyen a través de ellos.

Relajando los músculos tensos, estos fluidos pueden circular libremente, permitiendo a la sangre transportar los nutrientes y el oxígeno allá donde son necesarios, y dejando que la linfa retire los desechos.