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Cuando llegamos al mundo e incluso antes del nacimiento, nuestra familia tiene una herencia lista para nosotros, y ésta no es sólo material; también heredamos, sin ser conscientes, todo tipo de conflictos afectivos, intelectuales, corporales y sexuales que van a programar o influir profundamente en nuestras vidas.

De alguna forma nos mantenemos fieles a una lealtad familiar invisible, como las raíces de un árbol que nos alimenta muchas veces con frustraciones, decepciones, desamores y malestares que no nos corresponden.

Estamos atados sin saberlo a conductas y comportamientos que nos dificultan en ciertos aspectos de nuestra vida, cuyos orígenes permanecen sepultados silenciosamente en la sombra (inconsciente).

Mirar nuestro árbol genealógico nos permite sacar a la luz las limitaciones, prohibiciones y reglas que nos dejaron nuestros ancestros, para que de esta forma podamos desactivar las repeticiones o programas poco saludables y potenciar aquellas cosas útiles que nos conducen a la evolución personal, familiar, de la sociedad y del planeta.

 

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La Psicogenealogía es una forma de consulta transgeneracional, que nos ayuda a darnos cuenta de que somos un eslabón más en una cadena de generaciones que han dado lugar a nuestra familia y que a veces nos toca saldar las deudas remotas de algún antepasado.

 

Es un lenguaje de precisión matemática, un sistema de repeticiones con fechas, disfunciones, muertes, situaciones, nombres: mapas neurológicos que se transmiten de generación en generación.

 

Somos portadores de los conflictos no solucionados de nuestro árbol y eso se manifiesta en nosotros en el plano material: (económico, laboral, malestares físicos) en el plano emocional: (relaciones de pareja, hijos, amigos…) en el plano sexual , intelectual, haciéndonos sufrir, no realizarnos… impidiendo ser felices, en definitiva.

 

Con frecuencia los padres proyectan sus imágenes o deseos sobre sus hijos, en lo que se llama Proyecto Sentido. Con él nos imponen sutilmente un papel, una personalidad y, en última instancia, un destino al que debes adaptarte para no ser rechazado por el clan.

A veces para explicar un gesto que hacemos, una actitud o un malestar, es necesario remontarse a casi cuatro generaciones. Hay elementos que vamos repitiendo. Para imponernos ese destino usan el lenguaje no verbal propio de cada familia, hecho de miradas, silencios y gestos. Y en ocasiones, incluso aparecen las órdenes literales como: “serás un fracasado”.

Cuando se desentrañan los Secretos Familiares del árbol, las fechas de nacimientos, accidentes, muertes o matrimonios, aparecen sorprendentes correspondencias. Comienzan a reafirmarse los lazos sutiles que la mente establece con quienes nos rodean.